jueves, 24 de septiembre de 2009

VAMOS A LO DE "COQUI"


Me decidí a conocer la noche de la villa 21, en especial un lugar que tiene una fama que traspasa los límites geográficos de la villa. “Lo de Coqui” es un lugar de diversión donde se reúnen jóvenes del barrio, pibes “rochos” (chorros), los “paraguas” (residentes paraguayos), todos en un reducido espacio, similar a un garaje de hogar de clase media porteña.

Son las doce en punto y estoy esperando en la esquina de Iriarte y Luna, barrio porteño de Barracas. Aquí comienza la conocida villa 21. El semáforo parece no existir, los autos pasan con la mirada atenta de sus conductores. La virgen de los paraguayos custodia la esquina, es la virgen de “Caácupe” (que significa detrás de la yerba). De uno de los pasillos ubicados sobre la calle Luna aparece quien será mi guía nocturno. El “Ojito”, un morocho alto de ojos saltones, empilchado con el conjunto deportivo del Barcelona, corte flogger y un piercing en la ceja derecha.

Comenzamos a caminar hacia la entrada a la villa por la calle Montesquieu. Llegamos a una curva de la calle y comienza a retumbar un ritmo al que me iré acostumbrando al largo de la noche, es el reggaeton que invadió y destronó a la cumbia.

Ya estamos cerca del lugar que motivo este viaje de descubrimiento a lo profundo de la noche.

En la curva de Montesquieu al fondo un grupito de pibes escuchan Wisin y Yandel mientras toman fernet con coca, al lado de ellos los muchachos juegan al “nueve”. Este es un juego que fascina por la facilidad con la que l"a banca" (quien reparte las cartas y posee el pozo) reparte dos cartas por jugador, mientras el resto apuestan a que la banca sume lo menos posible( de 0 al 9 ) y así poder ganarle lo apostado a la banca. El grupo sentado sobre la vereda charla sobre los “pibitos chorros” de Zavaleta. Pues hoy al mediodía la villa vecina volvió a ser noticia. A unos pasos de donde estamos, en la vías que cruzan por la calle Iriarte, pasado el mediodía, Nélida Zanoff, que viajaba con su familia en un Peugeot 307, recibía un balazo que terminaría con su vida.

Estamos haciendo la previa en la esquina, los que no juegan al nueve, en la entrada a un pasillo fuman “faso paraguayo”, como explica Enzo, “ex villero” que viste pantalones chupines y un camperon Nike.

El fernet circula de mano en mano con vueltas muy seguidas, es difícil llevar el ritmo de la previa. Desde otro de los pasillos aparece el bananita, un petiso teñido de rubio platinado con una gran sonrisa en la cara. Viene con una bolsa llena de zapatillas Nike, ofrece sus productos sin mucha suerte, hasta que aparece una pareja en el camino que parece interesarse por la mercancía.

Ya son casi las dos de la mañana del sábado. Ya es hora de ir a lo de Coqui. El grupo con el que Ojito me llevará a conocer “lo de Coqui” cuenta con “el Pira”, un amigo de gran tamaño y apodado así como abreviación de “piraña” (por su gran apetito), Paloma, una hija de paraguayos de unos veinte años y cadera exuberante y “el Enzo”, un ex habitante de la villa que vuelve “de gira” a la villa.

A medidas que nos acercamos el sonido traspasa las paredes al ritmo de “échale pique” de Daddy Yankee, el hit que mas suena en la villa. Ya a unos metros del lugar doblamos hacia Lavarden, la otra calle interna de la villa, Allí se encuentra un galpón devenido un Pub- boliche que invita con su ritmo de hip-hop caribeño.

Antes de entrar invaden los olores de los “patys” del Fast food villero. El local de comidas rápidas de Coqui, que mezcla panchos y hamburguesas con comidas típicas del paraguay como la sopa y la chipa.

Estamos en la entrada de “lo de Coqui”. No se paga entrada, no se solicita DNI, no hay cacheo ni detector de metales, el único requisito es entrar y consumir en la barra de “Coqui.”

La oscuridad domina, dos tubos fluorescentes negros resaltan los equipos deportivos Adidas. En las paredes laterales hay grandes dibujos de rostro de mujeres y cuerpos exuberantes, tanto como los de las chicas que quiebran cadera al ritmo de “bata bata”, un tema nuevo muy movido. El lugar desborda de habitúes cada vez que Coqui decide abrir. Hasta se improvisó un sector VIP en el techo del local, donde uno puede ver el paisaje nocturno de la villa entre cables de luz y teléfono.

El reggaeton al ritmo de “Chapa C” aturde los oídos mientras las chicas menean las cintura a su pareja de espaldas rozando al límite de lo prohibido, lo que provoca las palmas y los gritos de los hombres. Ojito en me comenta que en el auge del “baile del caño” en el programa de Tinelli, habían improvisado un caño en el medio la pista lo que provocaba el delirio masculino.

La chica del grupo, paloma, reclama algo para tomar por lo que Ojito se dirige a la barra para calmar la sed de su amiga. La bebida mas elegida es el frizze con Speedy (vino blanco con energizante) que cuesta 20 pesos. Las otras bebidas son la cerveza a 7 pesos y el fernet con coca a 6 pesos.

Entre luces y los flashes pueden verse observarse pequeños grupos diferenciados entre la multitud. Al fondo están los paraguayos que bailan en ronda, mientras uno de ellos baila imitando a una estrella del “Gansta zone”. En otro costado, un grupo de cinco jóvenes, de más de diecisiete años, vestidos con conjuntos Adidas impecables y zapatillas galácticas, no bailan pero toman y fuman sin parar. Ojito me comenta que esos chicos suelen andar por la villa con autos lujosos que luego abandonan por ahí.

Ya son cerca de las cuatro de la mañana, pregunto por “Coqui”, Ojito me cuenta que suele aparecer una o dos veces por noche para controlar como esta el ambiente.

“Coqui” es un paraguayo que muy poco tiempo abrió un minimercado (frente del boliche), y que luego que un local bailable en la villa era un negocio rentable. Más aun cuando “Radio Studio” (boliche de Constitución) había cerrado los viernes por incidentes. Pero luego del furor inicial el negocio comenzó a complicarse debido a una muerte confusa, esto obligó al dueño del local a cerrar su local por un tiempo.

De pronto aparece en la barra un hombre de mediana estatura, de cara redonda y bigote de unos días. Vestido con una remera roja y una gorra marca Nike. Ahí estaba “Coqui,”el misterioso hombre que montó el negocio bailantero en la villa. Posaba frente a mí, con la mirada fría de un hombre de negocios.

Sin dudas, “Coqui” era un hombre de negocios. En menos de dos años se instaló en la villa, puso un minimercado, un local de comidas rápidas y una bailanta en el corazón de la villa y en menos de cien metros cuadrados. Pero la avidez de “Coqui” esconde otro negocio, poco conocido, que sustentaba las inversiones en la villa. “Coqui” es uno de los tres líderes del abastecimiento de marihuana de la villa. Negocio que es liderado por paraguayos “sampedranos”, de peligrosa fama en la villa.

Nuestro hombre de negocios observa unos minutos y desaparece rápidamente. Ya se acerca el final de la noche y se sabe que cerca del cierre comienzan las disputas potenciadas por el alcohol y las sustancias.

Ya camino a la salida de la villa se escuchan ráfagas de tiros, Ojito me explica que en el final de fiestas de “Coqui” siempre hay corridas y tiros entre los pibes “rochos”.

Amanece el sábado en la villa y hoy a la noche “lo de Nacho” será el otro destino de los buscan diversión en la villa.